Segunda Edad

La Última Alianza de Elfos y Hombres: cómo se derrotó a Sauron por primera vez

Al final de la Segunda Edad, elfos y hombres marcharon juntos contra Mordor. Vencieron a Sauron, pero un error de Isildur sembró la sombra de la Tercera Edad.

La Última Alianza de Elfos y Hombres: cómo se derrotó a Sauron por primera vez

El Señor de los Anillos se abre con un recuerdo de guerra: imágenes de ejércitos marchando, de un enemigo terrible y de una alianza que estuvo a punto de acabar con todo mal para siempre. Esa guerra tiene nombre, la Última Alianza de Elfos y Hombres, y fue el momento en que los pueblos libres de la Tierra Media, unidos como nunca antes ni después, derrotaron a Sauron con sus propias manos. Pero también fue el momento en que, por una sola decisión equivocada, sembraron la semilla de la sombra que renacería siglos más tarde.

El auge de Sauron en la Segunda Edad

Para entender la Alianza hay que remontarse al final de la Segunda Edad, una época que El Señor de los Anillos apenas menciona pero que lo explica todo. Tras la caída de Morgoth, su lugarteniente Sauron había heredado el papel de Señor Oscuro. Con astucia, forjó en secreto el Anillo Único para dominar a los demás Anillos de Poder y, a través de ellos, a los pueblos de la Tierra Media.

Su poder creció hasta volverse casi absoluto. Había destruido la isla de Númenor de forma indirecta, arrastrando a su rey a la perdición, y ahora, desde Mordor, extendía su tiranía. Frente a él quedaban dos grandes poderes: los Elfos, guiados por Gil-galad, el último Alto Rey de los Noldor en la Tierra Media, y los supervivientes de Númenor, los Dúnedain, que habían fundado en el exilio los reinos de Gondor y Arnor bajo el rey Elendil y sus hijos Isildur y Anárion.

La gran coalición

Ante la amenaza común, elfos y hombres hicieron lo que rara vez habían logrado: unirse. Gil-galad y Elendil sellaron la Última Alianza, la mayor hueste que la Tierra Media había visto desde las guerras contra Morgoth. Junto a ellos marcharon Elrond, heraldo de Gil-galad, y las fuerzas de los reinos dúnedain.

El ejército aliado avanzó hacia Mordor y se enfrentó a las huestes de Sauron en la llanura de Dagorlad, ante las puertas negras. La batalla fue inmensa y sangrienta, y la victoria, aliada. Luego pusieron sitio a Barad-dûr, la Torre Oscura, durante siete largos años, un asedio agotador en el que cayeron incontables guerreros, entre ellos Anárion, hijo de Elendil.

Y llegó un día en que Sauron mismo salió de su torre, pues ningún capitán podía ya sostener el asalto en su lugar.

El duelo al pie del Orodruin

Cuando la Torre Oscura no pudo resistir más, el propio Sauron salió a combatir. En las laderas del monte Orodruin, la Montaña del Destino, se libró el duelo decisivo. Contra él se alzaron los dos mayores señores de la Alianza, Gil-galad y Elendil.

Ambos murieron en el enfrentamiento: tal era todavía el poder de Sauron, capaz de abatir con su sola presencia al Alto Rey de los Elfos y al Rey de los Hombres. La espada de Elendil, Narsil, se quebró bajo su cuerpo al caer. Pero Sauron no salió indemne. Herido y debilitado, quedó a merced del hijo de Elendil.

Isildur, tomando la empuñadura rota de Narsil, cortó con el filo restante el Anillo Único del dedo de Sauron. Privado del Anillo en el que había vertido gran parte de su ser, el Señor Oscuro se desmoronó: su forma física se deshizo y su espíritu huyó, reducido a la impotencia. La Alianza había vencido. En apariencia, el mal estaba derrotado.

El error que lo cambió todo

Y aquí llegó el instante en que la historia entera pudo haber terminado. Elrond y Círdan, que estaban con Isildur, le urgieron a hacer lo único que garantizaría la victoria: arrojar el Anillo al fuego del Orodruin, allí mismo, donde había sido forjado y donde único podía ser destruido.

Pero Isildur miró la joya, todavía caliente y brillante, y no pudo. El Anillo ya ejercía sobre él su influencia. Declaró que lo conservaría como resarcimiento por la muerte de su padre y su hermano, y se lo quedó. Nadie pudo obligarlo: era el heredero legítimo, el héroe del día.

Aquella decisión, comprensible y humana, fue catastrófica. Mientras el Anillo existiera, Sauron no podía morir de verdad. Poco después, Isildur fue emboscado por orcos junto al río Anduin; el Anillo se le deslizó del dedo, lo traicionó y lo abandonó a la muerte, hundiéndose en las aguas para esperar, con paciencia infinita, a su verdadero dueño.

Así, la mayor victoria de la Segunda Edad quedó incompleta. La Última Alianza demostró de lo que eran capaces elfos y hombres unidos, pero también dejó una lección amarga que resonaría durante toda la Tercera Edad: que el poder de Sauron no se vencía solo con ejércitos, y que solo la destrucción del Anillo —una tarea que recaería, milenios después, en las manos más improbables— podría poner fin a la sombra para siempre.

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Preguntas frecuentes

¿Qué fue la Última Alianza de Elfos y Hombres?

Fue una coalición formada al final de la Segunda Edad entre los Elfos, liderados por el rey Gil-galad, y los Hombres de Númenor en el exilio, liderados por Elendil, para enfrentarse a Sauron. Marcharon sobre Mordor, lo derrotaron y le arrebataron el Anillo Único, aunque a un altísimo precio.

¿Cómo murió Sauron en la Última Alianza?

Sauron fue derrotado físicamente al pie del monte Orodruin. En el combate final murieron enfrentándose a él el rey Gil-galad y Elendil. Fue entonces cuando Isildur, hijo de Elendil, cortó el Anillo Único de la mano de Sauron con los restos de la espada Narsil, despojándolo de su forma.

¿Por qué fue un error no destruir el Anillo entonces?

Tras la victoria, Isildur pudo arrojar el Anillo al fuego de Orodruin, donde había sido forjado, y acabar con Sauron para siempre. Pero, seducido por su poder, decidió quedárselo. Ese fallo permitió que Sauron regresara siglos después y desencadenó toda la historia de El Señor de los Anillos.

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