Morgoth (Melkor): el primer Senor Oscuro y la raiz de todo mal
Descubre a Morgoth, el mas poderoso de los Valar caido en la sombra, maestro de Sauron y semilla de todo mal en la Tierra Media.

Antes de que existiera Sauron, antes de que un Anillo encadenara voluntades o un ojo de fuego vigilara desde Barad-dur, ya habia una sombra. Una mas antigua, mas vasta y mas terrible que cualquiera que despues caminaria por la Tierra Media. Su nombre original fue Melkor, “el que se alza en poder”, y nacio siendo el mayor de todos los espiritus creados por Eru Iluvatar. No fue un mal que llego desde fuera: fue una grieta que se abrio desde dentro de lo mas alto. Esa es, quiza, la tragedia mas honda de toda la mitologia de Tolkien.
El mas poderoso de los Ainur
En el principio, Iluvatar concibio a los Ainur, los Sagrados, espiritus surgidos de su pensamiento. Entre ellos, a Melkor le fueron concedidos los dones mas grandes de todos: participaba del poder y el conocimiento de cada uno de sus hermanos, y a el le correspondian las fuerzas mas vastas. Estaba destinado, por naturaleza, a ser el mas glorioso.
Pero precisamente en esa grandeza germino la perdicion. Melkor deseaba crear por si mismo, traer a la existencia cosas propias en lugar de servir a la armonia comun. Busco la Llama Imperecedera, el fuego secreto que solo Iluvatar posee, y al no hallarlo se interno en los vacios para meditar a solas. De aquella soledad regreso transformado: con pensamientos distintos a los de sus hermanos, henchidos de orgullo y de un anhelo de dominio.
No hubo un origen del mal ajeno a la luz: la sombra mas antigua de Arda fue, antes de su caida, el mas resplandeciente de todos los espiritus.
La discordia en la Musica de los Ainur
El acto fundacional de su rebelion no fue una guerra ni un asesinato, sino algo mucho mas sutil: una nota disonante. Iluvatar reunio a los Ainur y les propuso un gran tema musical, una sinfonia en la que cada espiritu aportaria su voz para dar forma a la realidad. Aquella Musica de los Ainur seria el plano del mundo entero.
Entonces Melkor comenzo a entretejer melodias propias, nacidas de su imaginacion y no acordes con el tema de Iluvatar. Buscaba acrecentar su gloria, y a su alrededor la armonia se quebro en clamor y disonancia. Muchos espiritus se desanimaron; otros empezaron a seguir su musica en lugar de la original.
Iluvatar respondio no con ira, sino con una leccion eterna. Alzo un nuevo tema, y por mucho que Melkor estruendara, descubrio que sus mas violentas disonancias quedaban absorbidas, transformadas en parte de un disenо mas hermoso de lo que el podia imaginar. Aquella verdad lo perseguiria siempre: ningun mal que el obrara escaparia del proposito ultimo de Eru, sino que terminaria sirviendo, contra su voluntad, a una belleza mayor.
La guerra por la posesion del mundo
Cuando aquella Musica se hizo realidad y el mundo de Arda comenzo a existir, los Valar descendieron a ordenarlo. Y Melkor descendio con ellos, pero no para construir, sino para arrebatar. Quiso ser el senor y dueno de la Tierra, y por eso, una y otra vez, deshizo cuanto los demas levantaban.
Cuando los Valar encendieron dos grandes lamparas para iluminar el mundo joven, Melkor las derribo, y el cataclismo desgarro la simetria de la tierra. Cuando despues florecieron los Dos Arboles de Valinor, fuentes de toda luz, conspiro con la monstruosa Ungoliant para devorarlos y sumir el mundo en tinieblas. Fue tras este crimen cuando los Elfos le dieron el nombre con el que la historia lo recuerda: Morgoth, “el Negro Enemigo del Mundo”.
Su fortaleza, Angband, y antes Utumno, se convirtieron en pozos de tormento donde forjo a sus siervos. De su crueldad y sus burlas nacieron los orcos; sedujo a espiritus de fuego hasta convertirlos en Balrogs; y de sus forjas y su malicia surgieron los dragones. Roboo ademas los Silmarils, las tres joyas que contenian la ultima luz de los Arboles, y las engasto en su corona de hierro, desatando con ello juramentos y guerras que sangraron durante toda la Primera Edad.
La sombra que se diluyo en la materia
Aqui reside la idea mas profunda y aterradora de la figura de Morgoth. Los demas Valar conservaron su poder reunido en si mismos. Melkor, en cambio, vertio una parte inmensa de su propia esencia en el mundo mismo. Quiso poseerlo todo, y para dominar la materia se infundio en ella.
Asi, la corrupcion de Morgoth quedo entretejida en la sustancia de Arda: en la dureza de la roca, en la furia del mar, en el frio y el calor, en la naturaleza misma de los seres vivos. A esta contaminacion universal se la ha llamado el “elemento Morgoth”, una mancha imposible de lavar por completo del tejido del mundo.
El precio fue enorme. A medida que dispersaba su fuerza, su poder personal mengiaba, y aquel espiritu que una vez fue capaz de igualar a todos sus hermanos juntos quedo finalmente atado a una forma fisica que ya no podia abandonar. Pero el dano estaba hecho: el mal habia dejado de ser un acto externo para convertirse en una herida permanente de la creacion.
El maestro del que Sauron solo fue sombra
Cuando al fin los Valar de Occidente cruzaron el mar en la Guerra de la Colera, derribaron Angband, rompieron su corona y arrojaron a Morgoth a traves de la Puerta de la Noche, al Vacio exterior. Pero su legado no se marcho con el.
Pues Sauron, el Senor Oscuro que mil veces atemorizaria a la Tierra Media en edades posteriores, no fue mas que su discipulo: un Maia que aprendio a su lado el arte de la dominacion y el engano. Todo lo que Sauron hizo, lo hizo a la sombra de su maestro caido. El Anillo Unico, los ejercitos de Mordor, la corrupcion de reyes y pueblos: todo eran ecos tardios de la primera disonancia que sono en la Musica de los Ainur.
Por eso, comprender a Morgoth es comprender que el mal de la Tierra Media nunca tuvo muchos rostros, sino uno solo, repetido y disminuido a traves de los siglos. La sombra mas larga proyectada sobre todas las edades del mundo sigue siendo la suya. Y mientras la roca sea dura y el invierno muerda, algo de aquel Negro Enemigo permanece, esperando, en lo hondo de las cosas.



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